Capítulo 66: Piernas contra motores
El puente central de la ciudad era un infierno de coches y ruido.
Damián corría por la acera. Le dolía el pecho. No corría por deporte. Corría para salvar su vida.
Llegó donde estaba la furgoneta de Pedro, parada en el carril derecho con las luces de emergencia puestas. Pedro estaba descargando cajas de madera llenas de manzanas en la acera.
—¡Jefe! —gritó Pedro, sudando—. Quedan cuarenta cajas. La tienda está a dos kilómetros. No llegamos.
—Coge una —dijo Da