Capítulo 56: Prioridad absoluta
La oficina de la fábrica se convirtió en un manicomio en tres segundos.
Sarah se agarraba el vientre con las dos manos, respirando muy rápido.
—¡Me duele! —gritó ella—. ¡Me duele mucho!
James Sterling corría de un lado a otro buscando las llaves de su coche, aunque las tenía en la mano.
—¡Joder, tío! —gritaba Sterling—. ¡Que viene el niño! ¡Que nace aquí mismo! ¡No tengo toallas calientes! ¡En las películas siempre piden toallas!
Damián agarró a Sterling por los