Capítulo 55: La visita al bar
La mañana siguiente al ataque, el ambiente en el centro logístico era de funeral. Tres furgonetas destrozadas estaban aparcadas en la entrada. Todos los conductores pasaban por delante y las miraban con miedo.
Damián estaba en la oficina temporal, bebiendo café negro. No había dormido.
Tano, el jefe de seguridad, entró. Se quitó la gorra.
—Jefe, ya sé quiénes fueron.
Damián dejó la taza.
—Dímelo.
—Es un grupo del Sindicato del Sur. Se hacen llamar "Los Martillos".