Él cruzó el umbral en silencio. Se acomodó la chaqueta con un movimiento rápido, intentando disimular el cansancio. Esperaba encontrarse con la peor de sus pesadillas: un cobrador de traje barato o algún abogado ambicioso listo para reclamar los últimos pagarés vencidos de su padre.
En su lugar, se topó con un hombre mayor, impecable. Llevaba un traje hecho a la medida y sostenía una copa de coñac en la cabecera de la mesa. Sebastian vaciló un segundo antes de avanzar. Sintió que el aire de la