El amanecer se filtraba débilmente por las persianas del departamento de soltero. Sebastian abrió los ojos con lentitud, sintiendo la cabeza pesada y una resaca que le martillaba las sienes. Parpadeó varias veces, intentando ubicar el espacio, hasta que se dio cuenta de que se había quedado dormido completamente vestido en el sillón de la sala.
Unos pasos en la cocina rompieron el silencio, seguidos por un olor a comida recién hecha. Sebastian se incorporó con dificultad, arrastrando los pies y