Al otro lado de la ciudad, Jordan seguía con el teléfono en la mano, observando la pantalla apagada. Dudaba imperiosamente si volver a llamarlo o darle espacio. Las palabras de Sebastian sobre la pérdida de su empresa seguían resonando en su cabeza, pero lo que verdaderamente lo había dejado inquieto era el tono con el que se despidió. Era una voz vacía, al borde de la rendición absoluta. Se quedó pensando unos minutos en silencio. ¿Estaría bien? ¿Debería ir hasta su casa para asegurarse de que