Habían pasado varios días desde que Cassandra cruzó nuevamente las puertas de la mansión. En la clínica, la situación era un suplicio constante para Sebastian. El hombre no había recibido absolutamente ni una sola llamada, ni un mensaje, ni una mínima señal de vida por parte de Cassandra. La incertidumbre lo carcomía por dentro.
Incluso días atrás, cuando Jordan lo había visitado para revisar los detalles de seguridad y la situación general, Sebastian le había confesado con total sinceridad su