El sonido de la frente de Cassandra chocando contra la pared de la habitación se volvió un acto repetitivo. Lo hizo una y otra vez, un castigo autoinfligido para apagar el caos en su cabeza, hasta que el dolor físico comenzó a extenderse, obligándola a detenerse. Se deslizó por el muro hasta quedar sentada en el suelo frío, con las rodillas contra el pecho, dejando escapar un llanto ahogado, furiosa consigo misma, impotente ante la tiranía de sus hermanos y consumida por la desesperación de no