El teléfono aún ardía contra su pecho. Cassandra lo sostenía con ambas manos, sintiendo cómo su propio corazón latía desbocado, a mil por hora, golpeando contra sus costillas como un animal enjaulado. Cerró los ojos por un instante, intentando asimilar la promesa que acababa de hacerle a Melania, y luego abrió los párpados para enfrentarse a su propio reflejo en el espejo del baño.
Su aspecto era terrible. Tenía los ojos hinchados y enrojecidos, las ojeras marcadas y la piel pálida, como si hub