Samantha bajó el teléfono con la mano aún temblorosa, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Jordan, al ver su palidez cadavérica y el terror en sus ojos, no dudó un segundo. La tomó suavemente por el brazo y la guió lejos de la cocina, donde Cassandra aún intentaba tragar bocado. Ambos se encerraron en la habitación de Samantha, buscando la privacidad que la gravedad de la situación exigía.
—¿Qué pasa, Sam? ¿Quién era? —preguntó Jordan, con el ceño fruncido y la voz grave, intuy