El borde frío de la copa no llegaba a rozar los labios de Lorenzo y Zafiro comenzaba a impacientarse. En su mente para entonces estaría fuera de la habitación. Esperaba arrancarle la ubicación de su hijo con la falsa promesa de un antídoto y correr a salvarlo mientras el mafioso convulsionaba soltando espuma por la boca en la alfombra de la haitación de hotel. La realidad tenía otros planes.
— No has probado el vino. — Susurró Zafiro mientras él le mordisqueaba el cuello aprentando sus pezones