El plan de Zafiro fue existoso, aunque en el tiempo que tardó la policía en llegar recibió varios embates de los puños de Eduard, que parecía cegado por la misma ira que describía en el relato de su nacimiento como asesino.
— Hemos recibido varias quejas de los vecinos por ruidos extraños . — Dijo la voz grave del Capitán en la puerta.
Zafiro lloraba acurrucada en una esquina.
— Creo que tiene usted la casa equivocada. — contestó Eduard escondiendo los puños manchados de sangre.
— ¿ Le impor