Hienas y leonas

— ¿ Dónde está mi padre?

Los ojos de Rocco se desorbitaron con la sorpresa.

— Está ocupado —. Contestó cuadrandose frente a la puerta cerrada.

— Déjame pasar.

— Tengo órdenes.

— Y yo poca paciencia.

El sicario sonrió.

— Eres adorable cuando intentas imitar a los hombres.

Eduard lo tomó por la camisa.

— ¡Quítate del puto medio !

El hombre no se movió. Contestó empujándolo con tal fuerza que lo hizo caer al suelo.

— ¡Tú lo has querido! — Eduard se puso de pie alzando los puños.

Rocco v
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