— No puedo creer que estés aquí ! — las gotas de agua se desprendieron de su cuerpo mojado mientras corría como un niño con los brazos abiertos hacia si padre.
— Llegué ayer en la noche. — dio un paso atrás rechazando el abrazo mojado de su hijo.
Las miradas se cruzaron transformando lo emotivo del momento en una palpable tensión.
— Veo que no estás solo.
— Sí, sí.— Tartamudeó Eduard. — No pretendía hacerlo de esta forma pero me gustaría presentarte a alguien.—
— ¡ Milena! — gritó volv