En su oficina, la madre de Sebastián, esperó qué sus muchachos entren y cerró la puerta.
Estaba indignada con las palabras que habían susurrado entre ellos, sobre las chicas.
-Escuchen los dos, mangas de degenerados, si las chicas necesitan trabajar, las tomamos, pero ésta empresa no es para que las contraten solo para sentirse poderosos y que ellas accedan a lo que ustedes quieran.
Rosita estaba realmente furiosa con su hijo y con su sobrino, no aprobaba la manera que ellos tenían de comportars