Juan Pablo abrió la puerta y se arrodilló ante ella justo en la entrada de la casa, diciendo:
- Perdóname por lo que te hice, te hago y lo que te haré, pero jamás dudes de mi amor por ti. Este anillo corresponde en tu delicado dedo. Entra a tu nueva casa mi amor, tú decides si vivimos aquí o prefieres que compre una nueva propiedad.
Elizabeth se inclinó y le dio un dulce beso:
- Podemos vivir aquí, tengo un hermoso recuerdo de reconciliación.
Juan Pablo con lágrimas en los ojos le dijo