MAYA
Los amigos de Alex molan bastante. El tiempo se me pasa volando pero no la percepción de la realidad cuando miro la hora. Resulta que a Alex los dardos se le dan de maravilla como, seguramente, casi todo lo que haga. Me acerco a él cuando no es su turno y enseguida me rodea la cintura con su brazo.
—¿Nos vamos?
Me estrecha con fuerza pegándome a su boca. Dios santo, como me gusta.
Nos despedimos de sus amigos. En una abrir y cerrar de ojos ya estamos en el hotel, en otro diferente al que me