MAYA
Voy con pies de plomo a la cocina. Mi madre ya está preparando la tarta para cuando Mary se despierte y ha inflado un par de globos rosas. Tras nuestra charla nocturna no estoy segura de qué decir ahora.
—Hola.
Me mira de reojo poniendo las velas sobre la nata.
—¿Sigue dormida?
—Como un tronco. ¿Estás enfadada por lo de anoche?
El pelo se le revuelve cuando sacude la cabeza de lado a lado. Comprendo su sentimiento de madre preocupada tras todo lo que pasamos. Si solo le diera una oportunida