La noche había caído sobre la ciudad como un manto de terciopelo oscuro, salpicado de luces que parpadeaban como estrellas caídas en el asfalto. El penthouse estaba en silencio, roto solo por el suave susurro de la brisa que entraba por los ventanales entreabiertos. Joaquín estaba frente al espejo del vestidor, ajustando el cuello de su camisa blanca con manos que aún temblaban ligeramente. El traje oscuro que había elegido le quedaba perfecto, como si hubiera sido hecho a su medida. La tela su