La sala de juntas quedó en silencio después de que el doctor Mendoza pronunciara aquellas palabras. El eco de su voz parecía flotar en el aire como una advertencia, un recordatorio de que el camino que Joaquín estaba a punto de elegir no sería fácil. La luz de la tarde entraba a través de los ventanales, iluminando el rostro del médico con un resplandor dorado que contrastaba con la gravedad de su expresión. Sus ojos azules, profundos y serios, no se apartaban de Joaquín, como si estuviera midi