La noche había caído sobre el hospital, y el silencio de los pasillos solo era interrumpido por el eco de pasos apresurados y el pitido rítmico de las máquinas. Maritza estaba recostada en la cama, con la mirada perdida en el techo blanco, sintiendo que el cansancio le pesaba en los párpados. La luz tenue de la lámpara de noche iluminaba su rostro, acentuando las sombras bajo sus ojos y la palidez de su piel. Sus manos descansaban sobre la sábana blanca, y sus dedos jugaban con el borde de la t