Capítulo treinta y cuatro

Las palabras de la sirvienta quedaron grabadas dentro de su mente. Grace estaba ahora mucho más confundida. Pero al mismo tiempo no quería aceptar una falsa realidad que ésta última le estaba tratando de meter dentro de la cabeza.

—No tengo pruebas de que mi hermana esté en Phoenix. Pero tampoco tengo dudas.

—No tienes dudas, ¿Entonces por qué estás tan preocupada por su bienestar?— Mariana la observó esperando una respuesta.

—Porque ella es mi hermana. Es lógico que me tenga que preocupar por
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