Capítulo treinta y tres.
—¿Cuándo me piensas traer mi cerveza?— Alonso estaba sentado sobre ese desgastado sofá y con los pies apoyados sobre la mesa, —¡Mariana necesito mi cerveza!
—¿Te puedes calmar?— Ella camino por toda la sala de esa casa y le dió la botella llena de cerveza en su interior, —Mira que corrí un gran riesgo para poder salvarte. Además con lo que acabamos de hacer, creo que vas a tener que mantenerte escondido.
—¿Crees que me voy a quedar escondido?— Alonso le dió un sorbo a su cerveza, —Yo necesito s