Capítulo 55. Dos días para la boda.
El tráfico no avanzaba, y Sebastián tamborileaba los dedos con impaciencia sobre el volante. El peluche azul descansaba en el asiento del copiloto como un testigo silencioso del huracán que lo habitaba en su interior. Hacía apenas un de horas que se había enterado de que era padre, y que había visto al menos a través de una pantalla… a él. Al niño, a su hijo.
Pero Melisa había escapado. Otra vez.
Lo peor no era la frustración. Era el pánico de haber estado tan cerca y no poder retenerla, no pod