Victoria no supo en qué momento dejó de resistirse.
Un segundo antes estaba furiosa, dolida, humillada por lo ocurrido en la suite y convencida de que lo mejor era marcharse antes de volver a caer en la misma trampa de siempre, pero al instante siguiente Adrián la estaba besando en medio de la calle como si todo lo que había callado durante años intentara salir a través de aquel gesto desesperado.
No era un beso tranquilo ni medido, tampoco era una caricia ofrecida con prudencia para no asustar