La cabaña, oculta tras el espeso follaje, era el escenario donde el destino de Dante Ashworth se sellaba gota a gota cada vez que Olivia se veía con Julian. Olivia llegó con el rostro encendido y una mezcla letal de adrenalina y nerviosismo. Julián la esperaba con la suficiencia de quien se sabía arquitecto de un crimen perfecto.
—La toxina está funcionando, Julián —anunció Olivia, dejando su bolso sobre la mesa de madera, pero deambulando como si temiera algo—. Tal como dijiste, no salió nada en los análisis de rutina del hospital. Dante se desmayó en la gala y Karina casi se muere del susto, pero los médicos no encontraron rastro de nada.
Julián soltó una carcajada seca que resonó en las vigas de la cabaña. Julian era el amo y señor de los juegos falsos, de la falsa caballería y de encontrar fisuras en los cimientos. Él mejor que nadie confiaba en ese veneno. La dudosa era Olivia.
—El gran magnate, el intocable Dante Ashworth, se durmió en los laureles. —Se burló Julián con veneno i