Karina cruzó el umbral, agotada tras la jornada en el hospital. Al entrar en la sala, se detuvo en seco. Luciano estaba allí, sentado en uno de los sillones de cuero, con el rostro serio y la mirada fija en un punto inexistente. Había vuelto de África antes de lo previsto, y lo primero que se encontró fue que Karina había salido un par de noches atrás con su ex marido en una gaña de recaudación de fondos. Para Luciano no fue nada gracioso.
—Luciano... no esperaba que llegaras hoy —dijo ella, dejando su bolso a un lado, levemente asustada de encontrarlo en casa.
Luciano tenía una copa en la mano, Ni siquiera había probado ni un poco, pero pensó que lo haría ver más interesante.
—¿Por qué no me notificaste que irías a esa fiesta con Dante, Karina? —preguntó él con una voz plana, sin levantarse ni moverse—. Me enteré por televisión. ¿Qué hacías con él?
Karina suspiró, frotándose las sienes.
—No quise contártelo antes para no molestarte en tu viaje, Luciano. Fue una decisión de último min