Karina cruzó el umbral, agotada tras la jornada en el hospital. Al entrar en la sala, se detuvo en seco. Luciano estaba allí, sentado en uno de los sillones de cuero, con el rostro serio y la mirada fija en un punto inexistente. Había vuelto de África antes de lo previsto, y lo primero que se encontró fue que Karina había salido un par de noches atrás con su ex marido en una gaña de recaudación de fondos. Para Luciano no fue nada gracioso.
—Luciano... no esperaba que llegaras hoy —dijo ella, de