Las investigaciones experimentales se transformaron en un agujero negro que devoraba cada minuto en la vida de Karina.
El laboratorio, con su aroma a antiséptico y el zumbido constante de las centrífugas, representaba su santuario, aunque también su prisión de cristal. Las jornadas se prolongaban hasta la madrugada; los resultados preliminares daban esperanza, pero el costo personal resultaba devastador para una mujer con familia.
Karina comenzó a demorar su regreso a la mansión, y pronto, las