El aire se tornó denso, cargado con esa electricidad estática que precede a las catástrofes o a los milagros. En dos escenarios opuestos, separados por el privilegio y la verdad, el tiempo se detuvo para ceder el paso al misterio más antiguo de la humanidad.
En la clínica privada más exclusiva de Chicago, los gritos de Olivia fracturaban el silencio de los pasillos de mármol. El dolor del parto era atroz, parecía que la partían por la mitad. El final de su embarazo resultó un calvario de compli