La mansión Harroway guardaba más secretos en sus pasillos que en sus cajas fuertes. Julian, moviéndose con la cautela de un depredador, se detuvo frente al estudio del abuelo. La puerta no estaba del todo cerrada. Dentro, la voz débil pero autoritaria del anciano resonaba en una conversación con su abogado.
—...y por eso, quiero que la cláusula principal cambie —decía el abuelo—. La mayor parte del patrimonio no irá a mis hijos ni a mis nietos directamente. El grueso de la fortuna Harroway será