Julian observaba la pantalla del televisor en su despacho, repitiendo una y otra vez la imagen de Olivia acariciando su vientre junto a Dante. Julian no podía creer que Olivia lo engañara de esa manera. Por eso estuvo tan pensativa los últimos días, y no dejaba que le tocara el vientre. Le mintió en la cara, y al Julian no ser ningún tonto, supo de inmediato que ese hijo era suyo. Julian estuvo casi todas las noches con Olivia, mientras Dante estaba borracho.
La noticia del "primogénito Ashworth" ardía en su pecho como ácido. Su primer impulso fue correr a la mansión, encararla y gritarle la verdad al mundo, pero Julian había aprendido a ser paciente. Sabía que Olivia era una maestra del engaño, y si quería atraparla, debía dejar que ella misma caminara hacia la red.
Decidió esperar. No hizo llamadas, no envió mensajes. Aguardó a que la necesidad carnal de Olivia la trajera de vuelta a su terreno. A Julian se lo comía la cabeza, y ese silencio lo hacía sentir incompleto, pero esperó c