Los años pasaron sobre los Harroway como una marea mansa que, tras la tormenta, finalmente depositaba tesoros en la orilla. La vida entre la imponente mansión y el nuevo refugio de Ana se transformó en una coreografía de risas, juegos y una paz que antes parecía un espejismo lejano. Durante ese tiempo, la familia demostró que la distancia no era un obstáculo para el amor, especialmente mientras Karina lideraba su investigación en la OMS.
Instalaron con Dante un sistema de visitas perfectamente