El día en que el auto de la abuela se alejó por el sendero principal de la mansión, el silencio que quedó atrás fue ensordecedor.
Para Dante, ver la pequeña mano de Elena saludando desde el vidrio trasero fue como sentir un desgarro en el pecho y un recordatorio punzante de que, aunque había salvado a su hija de un juicio, no había podido salvarla de la distancia. Para Leo, la partida de su hermana fue mucho más que una ausencia, fue un golpe directo a su pequeño universo recién descubierto, y