Después de la tensa noche en el Hotel Metropolitan, Karina regresó oficialmente a la antigua villa familiar. El ambiente, impregnado de lujo clásico y calidez silenciosa, ofrecía un refugio seguro con su abuelo, su hermano Teo, cuando estaba en la ciudad, y sus hermanos adoptivos, Julian y Ana. Kareina los quería a todos por igual, aunque su amor se inclinaba un poco más hacia Teo.
Aunque estaba de vuelta en casa y había iniciado sus preparativos en el laboratorio, la paz era ilusoria. Dante Ashworth había cumplido su promesa: se negaba a firmar el divorcio. Día tras día pasaba con la esperanza de que al despertar la pesadilla de Dante hubiera terminado, pero la dura realidad la golpeaba y la enviaba de nuevo con los abogados que peleaban el caso.
—Karina, ya pasaron diez días y no hay ningún cambio —explicó su abogado, el señor Lancaster, durante una llamada por videollamada. Su imagen en la pantalla gesticulaba con frustración—. El señor Ashworth usa tácticas dilatorias, alegando "p