Gregorio se quedó paralizado, como si la escena frente a sus ojos le hubiera robado el aliento.
La sangre en el piso, los gritos de Abril y la expresión desencajada de Jessica se grabaron en su mente como una fotografía imposible de borrar.
En cuestión de segundos, llegaron los paramédicos y enfermeras.
El sonido de las ruedas de la camilla retumbó en el pasillo, acompañado por las órdenes rápidas y secas del personal médico.
Subieron a Jessica con precisión, intentando estabilizarla mientras el