—¡Papá, papá! ¿Qué te pasó en la cara?
Los niños rodearon a un Humberto con la nariz rota y el rostro amoratado, quien se encontraba de pie en la entrada de la casa dispuesto a hacer una de sus visitas rutinarias.
La mirada de Humberto se dirigió a Adeline, quien estaba al lado de los pequeños.
—Fue un accidente. Me caí de las escaleras —mintió descaradamente, sin apartar sus ojos de ella.
—¿Te duele, papá?—uno de sus hijos se atrevió a tocar una de las heridas y Humberto emitió un quejido