Decir que sentía miedo era minimizar el sentimiento, la realidad era que tenía terror. Mauricio acababa de transformarse en una persona diferente, sus ojos desquiciados y exigentes no dejaban de taladrarla por completo.
—No te atrevas a mentir —su voz sonaba a pura amenaza.
—Mauricio, por favor. Detente —habló Adeline tratando de buscar un punto de mediación.
—¿Detenerme en qué? —ladró—. “Vayamos más despacio”, “no me siento preparada” —hizo una pésima imitación de su voz—. ¡Mentira! —grit