Adeline se retiró las gafas de los ojos sintiendo su vista cansada, no sabía cuántas horas llevaba frente al computador, pero sentía que eran demasiadas.
—Señora—la cabeza de Georgia se asomó por la puerta de la oficina—, disculpe que la interrumpa, pero debo informarle que termino mi jornada. ¿Necesita algo más?
—Oh, no, Georgia. Muchas gracias—la despidió con una sonrisa en su rostro. Su pobre asistente llevaba trabajando horas extras, por lo que era justo que regresará a casa—. Cuídate. No