Carol entró casi corriendo a la casa, subió las escaleras con grandes zancadas y se paró frente al despacho de Gustavo, deseosa de encontrarlo detrás de esa puerta amaderada. Sin embargo, al abrir él no estaba.
Martha, quien la había seguido de cerca, simplemente negó, dándole a entender que no lo encontraría en ese lugar.
—Está en su habitación, pero… —trato de advertirle, pero la joven ya había retomado su camino a pasos agigantados.
En cuestión de un par de minutos, Carol llegó a la habita