El timbre del departamento sonó y Lorena dio un brinco esperando lo peor, desde la amenaza de Anthony se mantenía en un estado de constante zozobra. Sin embargo, al abrir la puerta no se encontró con su esposo, sino con un hombre de aspecto serio con gafas.
—Buenos días —saludó el desconocido en un tono cortés.
—¿Y usted quién es? —exigió saber de inmediato, mientras empuñaba los puños discretamente. Sea lo que sea, no le gustaba para nada la presencia de ese tipo.
—Oh, claro, me presento, m