Una ambulancia trasladó a Lorena hasta el hospital, mientras jadeaba y pedía por el bienestar de su hijo. Al llegar al recinto médico no hubo nada que se pudiera hacer para salvar la vida del pequeño, quien acababa de morir en su vientre a tan solo cuatro meses de gestación.
Lorena lloró por su hijo perdido y lloró también porque nadie de su familia se acercó a la clínica para saber sobre su estado de salud. Nadie, ni su madre, ni su padre y mucho menos su marido.
Cuando le fue dado de alta,