Aisha sacudía la cabeza de un lado al otro, incrédula y herida por las palabras venenosas que estaba escuchando por parte de su esposo, aquel que le juró amor eterno y que fue todo amor durante su luna de miel y en los días posteriores.
— ¿Realmente crees que puedes salirte con la tuya así, Aisha? — él habló en tono acusatorio ¡Eres una prostituta!
— No entiendo de lo que me acusas, ¿Acaso te estás dando cuenta de lo que estás diciendo?
— ¿No sabes de lo que te estoy hablando? — ella sacude su