Aisha se sentó a bruces encima del miembro de Alejandro, ella soltó un gemido desde lo más profundo de su garganta y él la miró con amor.
— Eres tan perfecta — sus manos acariciaban con delicadeza el rostro de Aisha mientras unos mechones de cabello se encontraban sueltos — te amo.
El tiempo parecía detenerse mientras se entregaban el uno al otro en el jacuzzi, en medio de la atmósfera mágica de Santorini. El cielo estaba salpicado de estrellas, testigo silencioso de su amor ardiente.
Finalment