Panterita.
Miró a Haziel que ya estaba desgarrando el papel que envolvía el muñeco de felpa en forma de pantera.
—¿Te gusta, Hazz? —preguntó, viendo los ojitos de su hijo brillar de felicidad.
—¡Sí y se parece a papito! —exclamó Haziel, tratando de abrazar a la enorme pantera de felpa—. Gracias, papá.
—Oh, eso se parece a mí —Con una enorme sonrisa, Frufrú se acercó a él y le dio un pequeño beso en los labios—. Tienes buen gusto, cariño.
—Lo tengo, ¿verdad? —Ciñó a su esposo entre sus brazos, acercándolo