Un romance con gatos.
—¡Eres tú, el tipo del supermercado! —exclamó el muchacho, ocasionado que frenara sus repentinas reflexiones—. Tengo memoria fotográfica y no se me olvida un rostro tan apático como el tuyo. Además, esa mirada indiferente como si no te importara nada más que tu persona, un completo ser egoísta y encima ladrón.
—Sigues empleando mal las palabras o situaciones, para el caso —Ups, se delató solito—. Eh, quiero decir... Olvídalo, no puedo desperdiciar mi preciado tiempo con una persona que no sabe