Invitación a cenar.
La noche no fue lo único que lo sorprendió al salir de la clínica, en lo absoluto. Frenó los pasos, tironeando de la correa cuando Ónix se abalanzó hacia delante, llevándolo casi a rastras.
—Buenas noches, vecino —ironizó su, bueno, vecino.
El chico yacía de brazos cruzados, con una sonrisa sarcástica y una mirada burlesca. Supuso que estaba en serios problemas, posiblemente.
—¿Cómo...?
—Oh, no pongas esa cara, vecino —Frunció el ceño—. Ónix tiene un chip en el collar. Puedo rastrearlo y vaya,