96. La orgía
Y empezaron a darnos como martillo sobre clavo en la pared. Yo, la segunda en la fila, no puedo evitar sentirme incómoda con el tipo de servicio que me está tocando dar. No parece que esté atendiendo a un solo cliente, sino a siete; todos están pendientes de cada movimiento, de lo que haga o diga. Apenas comienzan las penetraciones, los gemidos de las otras chicas llenan el aire, y me doy cuenta de que tengo que acoplarme al grupo. Así que finjo gemidos, falsos, porque la verdad es que no lo es