81. Ánimos caldeados
Salgo del camerino con una mezcla de furia y determinación que hierve en mis venas. Mis pasos resuenan en el pasillo mientras me dirijo hacia la oficina de Murgosia Hikari, cada zancada cargada de la indignación que me invade. ¿Cómo se atrevió a involucrar a Bárbara en este mundo? Esta situación ha cruzado todos los límites, y no pienso quedarme de brazos cruzados.
Empujo la puerta de la oficina sin tocar, y ahí está ella, Murgos, sentada tras su elegante escritorio, revisando unos papeles. Cua