40. Un italianísimo
Claramente puedo leer en sus ojos: deseo urgente, lujuria mezclada con demencia y unas ganas insaciables de devorar mis labios. Las señales son claras, puedo sentir la tensión sexual que lo consume.
«Bien, ya sé cómo tratarte…, como Miriam lo haría».
—Ni siquiera te pregunto qué haces aquí, de seguro vienes a terminar lo que yo empecé, ¿cierto? —Me cruzo de brazos y me recuesto al marco de la puerta.
Giovanni permanece serio, con una mirada que viaja sobre cada curvatura de mi cuerpo, desde el n