184. Descubriéndonos
La noche sigue respirando en silencio a nuestro alrededor. Todo es distinto ahora.
No es solo el calor de su cuerpo contra el mío, ni su respiración en mi cuello; es la certeza de lo que acaba de decirme y de lo que yo también he confesado. Hay algo nuevo entre nosotros, algo más profundo, más real.
Más peligroso.
Sigo dentro de sus brazos cuando me acerco un poco más a él, acomodando mis piernas entre las suyas. No hace falta decir nada. Nuestros ojos se encuentran en la penumbra y, casi al mi